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11 Jun 2018

Máximo, el productor de calabazas

Entrevista de la maestra Andrea Vaccarezza a un estudiante de 6to. año de Primaria.

Me habían comentado que cada tanto ingresa un alumno de nuestra Escuela cargado de pesadas y anaranjadas calabazas. Curiosa por conocer su historia salí a buscarlo.

Se llama Máximo y es alumno de 6to. año de Educación Primaria. Le propuse entrevistarlo y accedió entusiasmado. Comencé preguntándole:

-¿Cuánto tiempo hace que concurrís al Elbio?

-Desde Segundo, contestó.

Y seguí indagando:

-¿Dónde y con quién vivís?

-En Punta Espinillo, en un campo, con mis padres.

-¿Cuánto hace que viven ahí?

– Desde que tengo tres años.

-¿Te gusta vivir ahí?

– Me encanta

-¿Qué es lo que te encanta?

-Me gusta correr y estar metido entre la naturaleza. Me tengo que bañar porque me ensucio mucho.

– ¿Viajan todos los días los tres juntos para el centro?

-Sí, por la Ruta 1 y demoramos más o menos una hora, según el tránsito.

– ¿Te levantás muy temprano?

– A las 6 de la mañana; ya estoy acostumbrado.

– ¿Cómo es un día como hoy en tu campo?

– Re barroso, pero le vino bien el agua. Estaba muy seca la tierra.

– ¿Ustedes plantan?, pregunté suponiendo que tenían una huerta.

– No, contestó y me sorprendí. ¿Y cómo tenés zapallos?

– De casualidad. Compramos zapallo, nos quedamos con las semillas. Las agarré y le dije a mi mamá: “Quiero plantar algo”. “Bueno”, me dijo ella. Las llevé a un lugar donde había bosta de caballo y la coloqué. Porque nosotros no tenemos buena tierra, es medio arcillosa, por eso pensé que ahí podían crecer. Al tiempo vi que salían hojas verdes, luego unas flores amarillas bastante lindas y después empezaron a crecer las calabazas. Ya coseché como 30. Algunas las cocinamos en el horno de barro y vimos que estaban ricas.

– ¿Qué sentiste cuando empezaron a crecer y los pudiste cosechar?

– Como una alegría grande y además las podría vender. Podría haber ido a la ruta, a la entrada del Parque donde siempre hay gente vendiendo cosas, pero mis padres no me dejaron. Entonces decidí vendérselos a los amigos de mi padre y ofrecerlos acá. Y cada vez me encargan más.

-¿Qué hacés con el dinero?

– Mis padres me están enseñando a ahorrar, por eso lo guardo para cuando pueda hacer un viaje.

– ¿Te gustaría plantar otra cosa?

– Sí, sandía. Ya tengo semillas.

– ¿Averiguaste cuándo las tenés que plantar?

– No, pero podría.

– ¿Consideras que una familia que tiene terreno podría plantar y alimentarse de lo que planta?

– Sí, puede plantar, comer mejor y vender. Además, está bueno vivir en el campo porque hay mucho oxígeno por allá.

– ¿Eres un productor orgánico?

– Sí, no le pongo nada, nada; agua y bosta,…nada más.

Fue un placer conversar con Máximo. Sus respuestas son graciosas, espontáneas y simpáticas. Me deja reflexionando sobre la importancia que estas vivencias tienen en su desarrollo personal. Quedé con ganas de saber más. Pero Máximo ya estaba calculando que el recreo estaba por comenzar, se despidió de mí y se fue corriendo escaleras arriba.